YouTube Music etiqueta canciones con IA ante la avalancha

YouTube Music etiqueta canciones con IA ante la avalancha

YouTube Music ha empezado a etiquetar las canciones creadas con IA generativa. Las etiquetas, anunciadas el miércoles, indican a los oyentes cuándo ha intervenido la IA en un tema, ya sea en la composición o en las voces. YouTube no prohíbe ni penaliza la música hecha con IA. Su enfoque se centra en la transparencia, y eso lo distingue de varias plataformas de streaming rivales que han optado por normas más estrictas.

Cómo funcionan las etiquetas

La etiqueta aparece en la página del reproductor de YouTube Music. Al pulsarla se abre información más detallada sobre el papel que ha tenido la IA en la creación del tema. Las mismas etiquetas aparecerán también en la aplicación principal de YouTube, de modo que el sistema llega a un público mucho más amplio que el de los suscriptores de música.

Para decidir qué temas se marcan, YouTube asegura que ha trabajado con sus socios musicales y que también ha utilizado sus propias herramientas de detección. Según la página de ayuda de YouTube, los socios que distribuyen música en la plataforma pueden elegir una de estas tres categorías para su trabajo:

  1. Totalmente con IA generativa: el tema se ha generado íntegramente con IA.

  2. Parcialmente con IA generativa: el artista ha usado algunos elementos generados por IA, pero ha añadido partes propias grabadas en directo.

  3. Sin IA generativa: no ha intervenido ninguna IA generativa. Los temas editados con herramientas de corrección de afinación como Auto-Tune siguen perteneciendo a esta categoría.

Este último punto es importante. La corrección de afinación y otras herramientas de estudio similares llevan años siendo habituales en la producción musical, y YouTube traza una línea entre el software de edición convencional y los modelos generativos que crean melodías, letras o voces.

Un panorama lleno de enfoques distintos

YouTube no es la primera plataforma de streaming que aborda esta cuestión, y el momento elegido no es casual. La música generada por IA se está extendiendo rápidamente por las plataformas de streaming, y cada servicio está definiendo su propia política.

  • Apple Music prevé añadir etiquetas de "Hecho con IA" a finales de este año, dentro de sus etiquetas de transparencia sobre IA.
  • Spotify ya utiliza etiquetas de IA y cuenta con un filtro contra el spam musical.
  • Deezer ha ido más lejos que la mayoría. En julio, la compañía afirmó que recibía casi 90.000 temas generados íntegramente por IA cada día. Deezer etiqueta la música de IA que detecta, la excluye de las recomendaciones algorítmicas y de las listas editoriales, y retiene los derechos de autor de las reproducciones fraudulentas. Además, está desarrollando una opción para que los usuarios puedan filtrar por completo la música generada por IA.
  • TIDAL etiqueta las grabaciones que identifica como generadas íntegramente por IA, permite a los oyentes desactivarlas y las excluye del reparto de derechos.

Deezer y TIDAL tratan los temas creados íntegramente con IA como algo que hay que contener, tanto en lo que ven los oyentes como en el destino del dinero.

La mano más suave de YouTube

YouTube ha tomado otro camino. Las nuevas etiquetas sirven para informar, no para restringir. Un tema en el que haya intervenido la IA puede seguir generando ingresos en la plataforma, ya que la participación de la IA no basta por sí sola para excluirlo de la monetización.

Esa postura encaja con los propios experimentos de YouTube. La compañía gestiona Dream Track, una herramienta que permite a determinados creadores generar bandas sonoras con versiones creadas por IA de las voces de los artistas participantes. Una plataforma que desarrolla sus propias herramientas de música con IA tiene pocos motivos para penalizar por defecto la música hecha con IA.

El sistema de tres niveles también le da a YouTube más matices que una simple marca de sí o no. Un productor que añade una capa de acompañamiento generada por IA a una grabación en directo acaba en una categoría distinta a la de una canción totalmente sintética, y los oyentes pueden ver esa diferencia directamente.

El panorama general

Todo esto apunta a que el sector del streaming se está dividiendo en dos bandos. Uno, encabezado por Deezer y TIDAL, trata la música generada íntegramente por IA sobre todo como un problema de volumen y de fraude, y responde con filtros, menos visibilidad y bloqueo de derechos. El otro, en el que se sitúa ahora YouTube, considera la IA una herramienta de producción legítima y solo pide que se declare. Apple y Spotify se quedan a medio camino, con etiquetas y, en el caso de Spotify, controles contra el spam.

El impulso del etiquetado refleja además una tendencia más amplia en el ámbito de los contenidos generativos. Google ha puesto a disposición del público su detector de marcas de agua SynthID, y OpenAI ha llevado las marcas de agua de texto a ChatGPT en la UE. La música sigue el mismo camino que las imágenes y el texto: las plataformas quieren una forma de indicar a los usuarios qué es sintético sin tener que eliminarlo necesariamente.

El punto débil es el control. El sistema de YouTube depende en parte de que los socios declaren ellos mismos su uso de la IA, con el respaldo de unas herramientas de detección cuya precisión la compañía no ha detallado. Habrá que ver si esas autodeclaraciones se sostienen, sobre todo en la categoría "Parcialmente con IA generativa", donde la frontera entre la ayuda de la IA y el trabajo humano es más difícil de trazar. A medida que generadores de música como Suno sigan añadiendo funciones, esa frontera puede resultar aún más difícil de vigilar.

Para los oyentes, la conclusión práctica es sencilla: habrá más contexto, pero las normas variarán según el servicio. Quienes quieran filtrar la música hecha con IA quizá encuentren en Deezer o TIDAL algo más cercano a lo que buscan, mientras que los usuarios de YouTube recibirán información y tendrán que decidir por sí mismos.