Grok habría influido en Trump sobre la captura de Maduro

Grok habría influido en Trump sobre la captura de Maduro

Puede que la respuesta de un chatbot haya influido en una de las decisiones de política exterior de Estados Unidos con más consecuencias del último año. Según publica la revista Time, el presidente Trump pasó horas haciendo preguntas a Grok, el chatbot de Elon Musk, en diciembre de 2025. Una de ellas era cómo reaccionarían los venezolanos si su presidente fuera derrocado. Aproximadamente un mes después, Estados Unidos invadió Venezuela y capturó al presidente Nicolás Maduro.

El relato procede de una única fuente que habló con Time. El material del que disponemos no permite confirmarlo de forma independiente. Aun así, añade una nueva dimensión al debate sobre cómo se utilizan los sistemas de IA en lo más alto del Gobierno.

La reunión de diciembre

Según Time, Trump y Musk se reunieron en privado en diciembre de 2025, unos siete meses después de que Musk dejara su puesto en el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), la iniciativa de recorte de gastos que dirigía dentro de la Administración Trump.

Durante esa reunión, según la fuente, Trump "pasó horas" conversando con Grok. Una de sus preguntas fue cómo respondería la población venezolana a la captura de Maduro.

El momento importa. En septiembre, unos meses antes de la reunión, Trump había empezado a ordenar ataques militares estadounidenses contra embarcaciones venezolanas que, según él, estaban implicadas en el narcotráfico. Como informó entonces The Atlantic, muchas personas ya estaban preguntando a Grok por esos ataques y por la situación política en Venezuela.

Lo que Grok le dijo al presidente

Según Time, Grok describió a Maduro como un "dictador profundamente impopular" y afirmó que "muchos venezolanos probablemente celebrarían su caída".

Estados Unidos invadió el país el 3 de enero. Y, efectivamente, hubo celebraciones. Después, según la fuente, Trump "acabó pensando que Grok era genial".

Ese es el núcleo de la historia: un chatbot de uso general ofreció una lectura segura del sentir de la población de otro país, la predicción pareció cumplirse y, como consecuencia, la confianza del presidente en la herramienta habría aumentado.

De la conversación al campo de batalla

La noticia llega en un contexto de creciente uso militar de Grok. En junio de este año, el responsable de IA del Pentágono afirmó que el ejército había utilizado Gov Grok, la versión gubernamental del chatbot, para desplegar fuerzas y atacar objetivos durante la guerra de Irán.

Grok no es el único modelo que trabaja con el Departamento de Defensa (DoD). OpenAI también tiene un acuerdo con el departamento. Anthropic, por su parte, mantiene un tira y afloja constante sobre cómo pueden utilizarse sus modelos en inteligencia militar y en la guerra moderna, un debate que avanza en paralelo a su apuesta por ofrecer Claude a las agencias gubernamentales.

Aun así, puede que Grok esté ganando terreno con esta Administración. A principios de esta semana, el Pentágono anunció que Musk y Palmer Luckey, de Anduril, codirigirán un estudio sobre cómo se utiliza, y cómo podría utilizarse, la tecnología avanzada en el campo de batalla.

Tres cuestiones que conviene separar

La historia mezcla varios asuntos que es más fácil valorar por separado.

La fuente. Todo lo relativo a la reunión de diciembre se basa en una sola persona anónima que habló con Time. Eso no lo convierte en falso, pero limita el peso que puede tener.

La respuesta del modelo. La valoración que hizo Grok de Maduro reflejaba una opinión muy extendida en aquel momento. Por lo que cuenta el reportaje, no está claro si el chatbot aportó una visión realmente nueva o si se limitó a repetir con aplomo los comentarios habituales.

El círculo de retroalimentación. Si una predicción que parecía acertada aumentó la confianza del presidente en la herramienta, esa confianza podría trasladarse a decisiones posteriores en las que el modelo se equivoque. Un solo resultado favorable dice poco sobre su fiabilidad.

Nuestro análisis

Este reportaje sugiere que la cuestión de la IA en el Gobierno ya no se limita a los contratos públicos formales o a los sistemas militares aprobados. Si el relato es cierto, un chatbot dirigido al gran público, propiedad de un estrecho aliado político, formó parte de las aportaciones informales a la decisión de invadir otro país. Es un tipo de riesgo distinto de los que suelen abordarse en las revisiones de seguridad.

También encaja en una tendencia más amplia. Los Gobiernos y las empresas de IA han ido estrechando lazos, desde compromisos no vinculantes firmados por consejeros delegados tecnológicos hasta acuerdos de defensa con varios laboratorios. La supervisión ha ido más lenta, aunque reguladores como la FTC examinen más de cerca a los laboratorios de IA.

Conviene estar atentos a si el estudio de Musk y Luckey publica sus conclusiones, a si otros medios confirman la información de Time y a si los legisladores preguntan cómo se registran y revisan las respuestas de los chatbots cuando los altos cargos se apoyan en ellas. La gran pregunta es la rendición de cuentas: cuando la respuesta de un modelo condiciona una decisión, ¿quién responde por ella?