Crédito fiscal de IA: Meta se ahorró 3.900 millones en 2025
Meta está recortando en miles de millones de dólares su factura fiscal en Estados Unidos gracias a una etiqueta poco habitual. Según el New York Times, la compañía clasifica sus centros de datos de IA como "modelos piloto" y los chips de Nvidia que albergan como material experimental. Eso le permite acogerse a un crédito fiscal federal pensado para premiar la investigación y el desarrollo.
Las cantidades son enormes y no dejan de crecer. Meta se ahorró 3.900 millones de dólares con este crédito en 2025, frente a los 2.000 millones de 2024 y los 700 millones de 2023. El Times asegura que ninguna otra empresa cotizada se beneficia tanto de esta deducción.
Experimentos a escala de varios gigavatios
La etiqueta de "modelo piloto" encaja mal con la forma en que Meta describe estas instalaciones en otros contextos.
En julio de 2025, Mark Zuckerberg afirmó que Meta iba a "invertir cientos de miles de millones de dólares en capacidad de cómputo para construir la superinteligencia". El plan se apoya en varios clústeres con una potencia de varios gigavatios:
- Prometheus, el primero, ya funciona parcialmente.
- Hyperion, el segundo, está previsto que alcance los 5 GW a lo largo de varios años.
Zuckerberg también escribió el verano pasado: "Tenemos el capital de nuestro negocio para hacerlo".
En junio de 2026, Meta ya exponía públicamente su infraestructura de cómputo. Citó alianzas con Nvidia, AMD, AWS, Arm y Broadcom, además de sus propios chips MTIA a medida. Todo eso suena a un despliegue industrial a largo plazo, no a una prueba de laboratorio. En enero de 2025, el propio Zuckerberg dijo que estos centros de datos "impulsarán nuestros productos principales y nuestro negocio".
Ahí está el fondo del conflicto. Para los inversores, estas instalaciones son la columna vertebral del negocio. Para Hacienda, son experimentos.
Una ley de 1981 llevada al límite
El crédito procede de una ley de 1981. James Shannon, el excongresista que la impulsó, explicó al NYT que estaba pensada para "las personas, el conocimiento, la información". A su juicio, el uso que hace Meta "ha ido muchísimo más allá de lo que nadie podría haber imaginado".
Meta no está de acuerdo. Como prueba de que sus deducciones están justificadas, alega que ha invertido 200.000 millones de dólares en I+D en los últimos cinco años.
Los propios documentos de Meta advierten del riesgo
La señal de duda más clara sale de los propios documentos de Meta. En la información remitida a la SEC, el regulador bursátil estadounidense, la compañía advierte de que el ahorro fiscal podría ser impugnado.
Además, ha reservado dinero. Las provisiones de Meta para posiciones fiscales inciertas crecieron un 45 por ciento, hasta los 18.740 millones de dólares. Las empresas dotan este tipo de provisiones cuando creen que la autoridad tributaria podría rechazar parte de lo que han declarado.
Aun así, la estrategia puede salirle rentable aunque fracase. Si el IRS, la agencia tributaria federal de Estados Unidos, recupera más adelante el dinero, Meta habrá dispuesto de ese capital mientras tanto. Según el reportaje, ese capital contribuyó a impulsar la cotización de la compañía. Dicho de otro modo, el beneficio llega pronto y la posible sanción, tarde.
El auditor diseñó el modelo y ahora lo vende
EY, la auditora de Meta, dio su visto bueno al planteamiento. El Times informa de que EY también ayudó a Meta a diseñar desde el principio el esquema del crédito fiscal. Ahora está ofreciendo la misma fórmula a otras empresas que quieren compensar sus compras de chips de IA.
Eso coloca a la auditora a ambos lados: ayuda a montar la estructura, la aprueba en las cuentas y después la revende.
El panorama general
Esta historia va más allá del balance de Meta. Apunta a que la carrera por la infraestructura de IA se financia en parte con normas fiscales redactadas décadas antes de que existieran las GPU. Si una empresa puede tratar como investigación cientos de miles de millones de gasto en chips y centros de datos, el coste real de construir capacidad de IA baja. Y baja sobre todo para las empresas que ya son las que más gastan.
Eso también afecta a la competencia. La intensidad de capital ya es una de las mayores barreras en la IA de frontera, como demuestran las sumas que laboratorios como OpenAI están recaudando antes de su salida a bolsa. Una ventaja fiscal que crece con el gasto en hardware tiende a favorecer a los mayores compradores. Los actores más pequeños, con márgenes más ajustados, sacan mucho menos partido.
El papel de EY quizá sea el detalle más importante. Si la misma estructura se está comercializando entre otras empresas, esto podría pasar de ser una declaración agresiva aislada a convertirse en una práctica del sector. Conviene estar atentos a si otros grandes inversores en IA empiezan a declarar créditos similares y a si sus propios documentos incluyen advertencias de riesgo parecidas.
La vertiente regulatoria sigue abierta. La provisión de 18.740 millones de dólares de Meta demuestra que ni la propia compañía da el desenlace por cerrado. Washington ya está poniendo la lupa sobre los laboratorios de IA en otros frentes, así que las próximas señales que habrá que vigilar son una posible impugnación del IRS, la presión de los legisladores para acotar la definición de investigación o cambios en la forma en que los auditores tratan estas deducciones. Nada de eso está garantizado. Por ahora, la brecha entre lo que Meta cuenta a los inversores y lo que cuenta a Hacienda consta en el registro público.
