Google Suncatcher: la IA espacial exige 1.800 lanzamientos

Google Suncatcher: la IA espacial exige 1.800 lanzamientos

Google ha puesto en órbita por primera vez uno de sus propios chips de IA. Un satélite prototipo de computación con una Tensor Processing Unit (TPU) de Google despegó desde California a bordo de un cohete de SpaceX. Es la primera prueba de hardware del Proyecto Suncatcher, el plan de la compañía para construir grandes clústeres de computación en el espacio.

Ese mismo día, Google publicó una versión revisada por pares de su informe técnico sobre centros de datos orbitales. El documento detalla cuánto tiene que cambiar antes de que la idea sea viable, y buena parte depende de que la Starship de SpaceX vuele con mucha más frecuencia que hoy.

Lo que tiene que demostrar el prototipo

El satélite lo ha construido Planet Labs sobre una de sus plataformas estándar. Su misión es concreta: demostrar que una TPU, la alternativa propia de Google a las GPU de Nvidia, puede funcionar de verdad en órbita.

Todo se reduce a tres cosas:

  1. Suministrar un kilovatio de potencia continua.
  2. Mantener el chip refrigerado.
  3. Ejecutar una serie de modelos y vigilar los fallos.

Una vez puesto en servicio el satélite, la TPU funcionará en ráfagas de 15 minutos. Ese límite protege los sistemas de energía y control térmico del satélite, que no se diseñaron pensando en un procesador de alto rendimiento.

"Hemos hecho pruebas en tierra, pero, ya sabes, no hay prueba que sea del todo tan buena como la realidad", afirmó Travis Beals, el directivo de Google que dirige el Proyecto Suncatcher.

Para el año que viene está prevista una segunda demostración. Utilizará dos satélites diseñados de forma más específica para computación avanzada, capaces de asumir cargas de trabajo más exigentes. Ambos intentarán además trabajar en conjunto mediante un enlace de comunicaciones láser.

No es la única carga de IA a bordo

El mismo lanzamiento de SpaceX transportaba más de 100 cargas útiles, entre ellas misiones de Satlyt y Cowboy Space Company. La IA en el espacio ya no es cosa de una sola empresa.

Lo que distingue el proyecto de Google es su horizonte temporal. Beals define Suncatcher como un "moonshot a largo plazo". El diseño final es una red de 81 satélites que vuelan en formación cerrada y procesan en paralelo.

"El ancho de banda y la latencia entre TPU importan muchísimo cuando intentas ejecutar una carga de trabajo de varios racks... intentamos anticiparnos no solo a las cargas de trabajo que existen hoy, sino a dónde estarán dentro de cinco años", explicó Beals.

Esa mirada a largo plazo es en parte una necesidad. Los cohetes que harían falta para escalar los centros de datos orbitales a un coste razonable todavía no existen.

Las cuentas de los lanzamientos

El informe, que se publicará en la revista Joule, es uno de los análisis públicos más rigurosos sobre cómo podría llegar la computación a la órbita. Los autores insisten en que no se trata de un estudio de viabilidad económica. Aun así, muestra cómo espera Google que bajen los costes de lanzamiento.

Como otros operadores de centros de datos, Google confía en SpaceX. Además, es uno de sus grandes inversores. Los investigadores sostienen que SpaceX ha logrado una "curva de aprendizaje" que ha reducido los precios en torno a un 20 % al año desde el Falcon 1. Sobre esa base, consideran razonable esperar precios de lanzamiento cercanos a los 200 dólares por kilo en 2035.

Llegar ahí es otra historia. Tomando como referencia el historial de carga del Falcon 9, el informe calcula que la Starship tendría que llevar 370.000 toneladas a la órbita para seguir una curva de costes similar. Eso equivale a unos 1.800 lanzamientos en diez años, o 180 al año, suponiendo 200 toneladas métricas por vuelo.

La Starship nunca ha volado más de cinco veces en un mismo año. Elon Musk ha dejado caer que podría alcanzar un ritmo de un vuelo por hora en 2029, pero sus plazos tienen un historial irregular.

La radiación parece asumible

El hallazgo más alentador tiene que ver con la radiación. Google tuvo que repetir las pruebas en acelerador de partículas tras darse cuenta de que la configuración original del chip ofrecía más blindaje del que tendría el hardware en órbita. La repetición mostró algo más de errores en los circuitos lógicos del chip.

Google sigue confiando en que las TPU pueden asumir grandes cargas de inferencia durante los cinco años de vida útil de un satélite.

"La tasa de errores es muy baja si piensas en operaciones típicas de inferencia, ¿no? Como uno entre un millón", señaló Beals. "Por otro lado, ya era problemática para, por ejemplo, un entrenamiento a megaescala en el que vas a tener muchos miles de chips funcionando durante meses".

Por qué importa

La industria de la IA está chocando con límites en tierra: energía, refrigeración y suelo. Las empresas ya se apoyan en ayudas públicas para construir capacidad terrestre, como se ha visto con el crédito fiscal de Meta para centros de datos. Suncatcher es la apuesta de Google a que parte de esa carga pueda acabar saliendo del planeta.

Los resultados sobre radiación apuntan a un futuro dividido. La órbita puede encajar con la inferencia, donde los errores ocasionales son tolerables. Los entrenamientos largos parecen mala opción, al menos con los datos actuales. También es relevante que Google esté probando su propio silicio y no el de Nvidia, en línea con un impulso más amplio en todo el sector para reducir la dependencia de Nvidia.

El verdadero cuello de botella no es el chip. Es el ritmo de lanzamientos, y eso depende en gran medida de una sola empresa. Habrá que ver si la demostración con dos satélites del año que viene consigue poner en marcha su enlace láser, y si el ritmo de vuelos de la Starship empieza a acercarse a las cifras que da por hechas el propio informe de Google.